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Multitarea: por qué tu cerebro falla y cómo mejorar

Multitarea: por qué tu cerebro falla y cómo mejorar

Uno de los mitos más persistentes del mundo profesional moderno es el de la multitarea como habilidad deseable. Los perfiles de LinkedIn la incluyen entre sus competencias, las descripciones de trabajo la mencionan como requisito y muchos profesionales la perciben como una señal de eficiencia y capacidad de gestión.

El problema es que la neurociencia lleva décadas desmontando esta creencia con una claridad que no deja mucho margen para la duda: el cerebro humano no está diseñado para hacer varias cosas a la vez. Lo que llamamos multitarea es, en realidad, una alternancia rápida entre tareas que tiene un coste cognitivo real, medible y significativo sobre la calidad del trabajo y el rendimiento a largo plazo.

Qué ocurre realmente en el cerebro cuando hacemos multitarea

Cuando creemos estar haciendo varias cosas simultáneamente, nuestro cerebro no está procesando múltiples flujos de información en paralelo: está cambiando el foco de atención de una tarea a otra de forma muy rápida. Cada uno de esos cambios tiene un coste que los neurocientíficos denominan coste de cambio de tarea o task-switching cost: un periodo de transición durante el cual el rendimiento cognitivo se deteriora mientras el cerebro desactiva los esquemas mentales de la tarea anterior y activa los de la nueva.

Las investigaciones del Instituto de Tecnología de Massachusetts y de la Universidad de Stanford han demostrado que este coste de cambio puede suponer una reducción de hasta el 40% en la productividad en tareas que requieren pensamiento complejo. No porque las personas sean menos inteligentes cuando hacen multitarea, sino porque el cerebro simplemente no puede mantener simultáneamente los esquemas cognitivos necesarios para ejecutar dos tareas complejas con el mismo nivel de profundidad y precisión.

El impacto de la multitarea en la calidad del trabajo

El coste de la multitarea no se limita a la productividad cuantitativa: afecta también de forma significativa a la calidad del pensamiento. Cuando el cerebro está constantemente alternando entre tareas, no consigue entrar en el estado de concentración profunda que es necesario para el pensamiento complejo, la creatividad y la resolución de problemas sofisticados.

El investigador Mihaly Csikszentmihalyi describió este estado de concentración óptima como flow: un modo de funcionamiento mental en el que la atención está completamente absorbida por una tarea, el rendimiento alcanza su máximo nivel y la experiencia subjetiva del trabajo se transforma. Entrar en ese estado requiere tiempo, entre diez y veinte minutos de concentración sostenida según la mayoría de las investigaciones, y se rompe con cualquier interrupción. Cada vez que respondemos a un mensaje mientras trabajamos en un informe, cada vez que miramos el móvil durante una reunión o cada vez que saltamos entre aplicaciones sin terminar ninguna tarea, estamos destruyendo la posibilidad de entrar en ese estado.

La ilusión de la eficiencia

Una de las razones por las que la multitarea persiste como práctica habitual a pesar de la evidencia en su contra es que se siente eficiente. La sensación de estar atendiendo muchas cosas a la vez, de tener el correo abierto mientras se escribe un informe y de responder mensajes entre reunión y reunión genera una percepción subjetiva de productividad que no se corresponde con la realidad del rendimiento cognitivo.

Este fenómeno, que los investigadores han denominado ilusión de multitarea, es especialmente pronunciado en los profesionales que más la practican. Un estudio de la Universidad de Utah demostró que las personas que se consideran mejores en multitarea son, paradójicamente, las que peor rendimiento obtienen cuando se miden sus resultados de forma objetiva. La confianza en la propia capacidad de hacer varias cosas a la vez está inversamente correlacionada con la capacidad real para hacerlo.

Multitarea: por qué tu cerebro falla y cómo mejorar

Cómo recuperar la capacidad de concentración profunda

La buena noticia es que la capacidad de concentración profunda no se pierde de forma permanente por los hábitos de multitarea: se puede recuperar y entrenar de forma progresiva. Pero requiere cambios deliberados en la forma de organizar el trabajo que van contra la corriente de muchos entornos profesionales actuales.

El primer cambio es la gestión activa de las interrupciones. Esto significa cerrar las aplicaciones de mensajería durante los periodos de trabajo profundo, silenciar las notificaciones del móvil, establecer franjas horarias específicas para revisar el correo y comunicar a los compañeros de trabajo cuándo se está disponible y cuándo no. Cambios que pueden generar resistencia en culturas organizativas que valoran la respuesta inmediata, pero que tienen un impacto directo y medible sobre la calidad del trabajo.

El segundo cambio es la planificación por bloques. En lugar de gestionar una lista de tareas pendientes de forma reactiva, atendiendo lo que va llegando según aparece, la planificación por bloques consiste en reservar periodos específicos de tiempo para tipos concretos de trabajo: un bloque para el trabajo creativo y de alta concentración por la mañana, un bloque para reuniones al mediodía y un bloque para el trabajo administrativo por la tarde. Una estructura que reduce drásticamente los cambios de tarea no planificados y que permite al cerebro entrar en el estado de concentración óptima con mayor facilidad.

El tercer cambio es la práctica del monotasking: la decisión deliberada de hacer una sola cosa a la vez y de hacerla hasta completarla antes de pasar a la siguiente. Un hábito que puede parecer más lento a corto plazo pero que genera outputs de mayor calidad y reduce significativamente el tiempo total dedicado a cada tarea.

Conclusión

La multitarea no es una habilidad que merezca cultivarse: es un hábito que merece cuestionarse. Las evidencias científicas sobre su impacto negativo sobre la productividad, la calidad del pensamiento y el bienestar son lo suficientemente sólidas como para que cualquier profesional que quiera rendir al máximo las tenga en cuenta. Para conocer más sobre el tema, te recomendamos Por qué la multitarea perjudica tu cerebro y cómo solucionarlo.

Aprender a trabajar con concentración profunda y monotasking en un entorno diseñado para la distracción constante es uno de los mayores retos del profesional moderno. Y también una de las ventajas competitivas más valiosas que cualquiera puede desarrollar, porque se trata de una habilidad cada vez más escasa en un mercado que la demanda cada vez más. Si quieres seguir aprendiendo, consulta nuestros programas formativos y matricúlate en IEAD.

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